En la noche de ayer, nuestra parroquia vivió un momento profundamente significativo: la despedida de la Cruz Joven, que nos ha acompañado durante este último año como signo visible de la fe y como llamada constante a seguir a Cristo en lo cotidiano.
La ambientación y preparación de este momento corrió a cargo del párroco, D. Agustín Bugeda, ayudando a la comunidad a dar gracias a Dios por todos los frutos que este tiempo ha dejado en nuestra parroquia y por los momentos compartidos en torno a la Cruz.
Tras este momento inicial, y antes de salir a recorrer las calles con la Cruz, los jóvenes de la parroquia llevaron a cabo, en el interior del templo, la primera de las catorce estaciones del Vía Crucis. Este gesto, sencillo pero cargado de significado, marcaba el inicio de un camino que nos conduciría, estación tras estación, hasta la parroquia de El Salvador.
La despedida de la Cruz daba inicio, además, al tradicional Vía Crucis Juvenil, tan arraigado ya en nuestra ciudad en la noche de Martes Santo. De este modo, lo vivido durante el año encontraba su continuidad en este camino de oración por las calles, acompañando a Cristo en su Pasión junto a tantos jóvenes que, año tras año, hacen de esta cita un verdadero testimonio público de fe.
El Vía Crucis estuvo presidido por D. Julián, nuestro obispo, cuya presencia acompañó y alentó a todos los participantes en este recorrido de fe, marcado por el silencio, la oración y la contemplación de los misterios de la Pasión del Señor, todo ello en un ambiente profundamente juvenil.
No faltó tampoco un sentimiento de cierta nostalgia al despedirnos de este signo que ya sentíamos tan cercano. Sin embargo, la despedida no es un final, sino un envío. La Cruz continúa ahora su camino, mientras nosotros somos llamados a seguir llevando su mensaje en nuestra vida diaria.

















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