Juan Ramón tras el Jubileo: «La guitarra no suena, habla por sí sola»

Ago 19, 2025 | Fijas portada, Jubileo de la Esperanza, Novedades | 0 Comentarios

Juan Ramón y su inseparable guitarra en la Plaza de San Pedro

«La guitarra no suena, habla por sí sola»

 

Nada más regresar de Roma, del Jubileo de los Jóvenes, realizamos esta entrevista a uno de los jóvenes de la parroquia que ha vivido «in situ» estos días de júbilo junto al Papa León XIV.

 

Javier Bravo:
Juan Ramón, gracias por dedicarnos un poquito de tu tiempo para contarnos para la página web de la parroquia tu experiencia en el Jubileo de los Jóvenes en Roma. ¿Cuándo y cómo te surge la idea de ir al Jubileo de los Jóvenes?

Juan Ramón:
Todo empezó una mañana durante las vacaciones de Navidad. Y la verdad es que fue sin pensarlo. Yo me había levantado a estudiar pronto, sobre las 8 de la mañana ya estaba en ello y, como a media mañana, me levanté y mi madre y yo nos preguntamos a la vez: ¿Qué hacemos con el Jubileo, vas o no vas, y con quién vas?
Si es cierto que en algún momento con algún joven más de la parroquia habíamos hablado si podría ser una buena experiencia, pero fue aquella mañana cuando yo vi que iba hacia delante la idea y solo quedaba organizar todo lo demás.

J.B.:
¿Con qué grupo has ido? ¿Qué sacerdotes os acompañaban? ¿Habéis tenido alguna preparación previa al Jubileo?

J.R.:
Sorprendentemente, no hemos ido con nuestra parroquia, que es Santa María porque no se ha organizado el viaje, pero en mi caso particular, gracias a una de las personas más especiales que tengo en mi vida, Sergio, me surgió la oportunidad de disfrutar de la semana con la parroquia de San Juan de Ávila. Tan solo conocía a Sergio y a Diego, otro chico que también iba con ellos, el resto solo como mucho el nombre o ni eso.
Los sacerdotes que venían con nosotros eran dos de los que están en la parroquia. Don Fidel y Don Santiago. Ambos nos han acompañado durante este jubileo, pero donde mayor relevancia ha tenido era sin lugar a dudas en las eucaristías, en las confesiones (fundamentales) y sobre todo en el constante acompañamiento y recogimiento que nos daban. Si había algún problema, duda, caos, incertidumbre… Fidel siempre estaba.
Antes de esta maravillosa experiencia tuvimos 2 reuniones/encuentros acompañados de una alabanza y cena, uno de ellos y el segundo más centrado en las especificaciones del vuelo y resolución de dudas. Era muy simple. El resto lo hizo el Señor.

J.B.:
¿De los momentos y vivencias vividas, con cuál te quedas?

J.R.:
Son innumerables las experiencias que hemos compartido, tanto con los demás como más íntimas. Desde las adoraciones y la exposición del santísimo a las 7:30 de la mañana, cuando en condiciones normales estaríamos todos durmiendo… Hasta las risas por la calle que parecíamos una familia con ganas de sonreír, gritar, estallar de alegría y en fondo no éramos conscientes de que ese era el amor de Dios. Él quería que llegara el cielo a la tierra y esto es.
Pero sin lugar a dudas, en mi caso me quedo con los ratos de oración cantando enfrente del sagrario. No es sorprendente, ya que yo soy uno de los que tocan la guitarra y para mí es un momento que disfruto de verdad, porque creo que la guitarra no suena, habla por sí sola. Pero de todos ellos me quedo con dos: la media hora en la capilla de San Esteban y el pequeño rato que compartimos 4 de nosotros en la capilla de nuestro hotel. La capilla de San Esteban, en la basílica de San Pablo de Extramuros, fue uno de los privilegios en los que celebramos la eucaristía y, después de recibir al Señor, bastantes fuimos los que nos quedamos simplemente disfrutando. El segundo de ellos guarda una anécdota peculiar que nos condujo de forma clara y directa al sagrario y así fue. En lugar de irnos a dormir a nuestras habitaciones, 4 de nosotros nos acercamos a estar juntos delante de Él. Y la que podía parecer una noche de “largo sueño” resultó tan corta como las demás, pero mereció la pena sin lugar a dudas y puede ser muy enriquecedor.

Por supuesto, en un encuentro de estas dimensiones, ver la Plaza de San Pedro llena de 50.000 españoles que hemos peregrinado con un mismo objetivo es impactante. Hay imágenes que se graban en los ojos y te emocionan al instante. La misa que compartimos todos, presidida por Monseñor Luis Argüello, tuvo algo mágico que nunca habíamos vivido antes. Nos unimos de tal modo que la plaza entera vibraba en un mismo son.
El día que llegamos a Tor Vergata también fue inolvidable. Personalmente, nunca había visto ni había presenciado un encuentro de más de un millón de personas y como todos me advirtieron antes de ir: no se entiende lo que es hasta que se vive. Nos sentíamos todos unidos en la misma fe, compartiendo el tiempo de vigilia en oración con el Papa León XIV para escuchar su mensaje y disfrutar de esas horas hasta la gran eucaristía presidida por él a la mañana siguiente. Entre lo que nos quiso transmitir, insistió en la falta de entrega que hay en la sociedad actual, la necesidad de poner a Cristo en nuestra vida y sobre todo nos anima a aspirar a lo más grande, a la santidad.
Sin duda estos han sido los momentos más especiales de la semana.

En los momentos más especiales me he dado cuenta durante las semanas de después que no puede faltar esto

J.B.:
Juan Ramón, ya para terminar ahora después, ¿qué?, ¿algún compromiso?

J.R.:
Una experiencia así siempre deja algo, es como un rastro o una huella que ya no se puede borrar. Al fin y al cabo, yo, por lo menos, he compartido con otras personas mi forma de ser en sus buenos y no tan buenos aspectos. Eso en el punto de vista de convivencia. Pero aun así, no consiste solo en eso. Personalmente, a algunos de estos amigos a los que he acompañado les he contado lo que sentía cada día. Llegó un momento en el que les decía sin duda: Dios me está llamando. Cada día me habla y quiere algo de mí. Y bueno, para muchos era el chaval que está un poco mal de la cabeza, pero en el fondo así lo sentía. Y lo digo sin tapujos. Es la verdad y nada se podrá cambiar.
Por lo tanto, el único compromiso que sirve como válido es perseverar en su llamada. Seguir buscando esa respuesta, esa afirmación, ese mandato. Hay mil formas que salen cada día en el evangelio y no las vemos para dar nombre a esta llamada que te vuela la cabeza.

J.B:
Gracias de nuevo por tu tiempo y por tu testimonio. Seguramente será una de las experiencias que más marquen tu vida de fe y que siempre recordarás.

J.R.:
Gracias a vosotros. Sin lugar a dudas, la experiencia, a pesar de que también ha habido momentos duros, ha sido a la vez emocionante y enriquecedora.

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