En la tarde del domingo 17 de diciembre tenía lugar el segundo de los actos de homenaje al obispo de la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodriguez, con motivo de su jubilación, en la concatedral de Santa María, en la capital. El templo estaba abarrotado de fieles llegados de muchos puntos de la geografía provincial que no querían perderse la ocasión para despedirlo, tras 12 años en el cargo.
La celebración de ayer tuvo un carácter más institucional aunque austera. Entre los presentes se hallaban la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, encabezando la Corporación municipal capitalina; el presidente de Diputación provincial; el presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha, Pablo Bellido; y representantes de los estamentos militares, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sociales, académicos y religiosos, entre ellos, el Rector del Seminario de Madrid, José Antonio Álvarez.
Todos esperaban expectantes la llegada de la más alta estancia eclesiástica de la provincia. Unos fuera, los menos desafiando al frío, con el sonido de fondo de las cálidas gaitas del grupo alcalaíno Kalaveras. Dentro estaba el auténtico calor humano de cientos de fieles esperando el gran momento.
El obispo agradeció a todos los que estaban su presencia y arrancó su homilía con una advertencia sobre “el peligro que se ciñe hoy sobre el ser humano, derivado de la tristeza individualista, que brota de la angustia infinita de placeres superfluos”.
Don Atilano se encuentra alegre estos días de retirada, “porque los obispos servimos a la diócesis durante algunos años, pero Jesucristo permanece todos los días hasta el fin de los tiempos”.
Ahora –asegura- “serviré a la Iglesia de forma distinta, intensificando las oraciones, alabanzas a Dios y dando servicio pastoral a la buena gente de nuestros pueblos”. Se retirará para compartir sus días con la Comunidad Cisterciense y los sacerdotes de Buenafuente del Sistal. Agradeció a los presentes sus oraciones “que me han ayudado en el ejercicio episcopal”, sintiendo la necesidad de “dar las gracias a Dios por los dones derramados en estos años y muestras de cariño recibidas”.
Antes de finalizar la ceremonia, nuestro párroco y vicario de la Diócesis, Agustín Bugeda, hizo una semblanza de monseñor Atilano (25 octubre de 1946, Cangas del Narcea, Asturias), del que ha destacado un ministerio de entrega, cercano y generoso y volcado en los más necesitados, desde que Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara el 2 de febrero de 2011, tomando posesión en la catedral seguntina el 2 de abril.
También ha significado la puesta en marcha del sínodo diocesano y las trece cartas pastorales como legado de este obispo que, por razones de edad, presentó su renuncia aceptada por el Papa Francisco el 31 de octubre de 2023, nombrando, simultáneamente, obispo de Sigüenza-Guadalajara a monseñor Julián Ruiz Martorell (1957).
El himno de la Virgen de la Antigua, patrona de Guadalajara, ponía el broche a la emotiva celebración eucarística.








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